Las vulnerabilidades zero-day son esas grietas de seguridad en software, hardware o firmware que los atacantes aprovechan antes de que los desarrolladores tengan la oportunidad de arreglarlas. ¿Te imaginas? Un bug que se convierte en la puerta de entrada para los hackers, y todo antes de que alguien se dé cuenta de que existe. Originalmente, el término ‘zero-day’ hacía referencia a la fecha de lanzamiento de un software. Con el tiempo, se ha expandido para incluir cualquier vulnerabilidad que pueda ser explotada antes de que el proveedor tenga la oportunidad de solucionarla. Una vez que se hace pública, pasa a ser conocida como n-day o one-day vulnerabilidad.
Los zero-day son un fenómeno clásico en el mundo del hacking. A veces, un investigador de seguridad detecta una falla y notifica al proveedor para que tome cartas en el asunto. Sin embargo, en otras ocasiones, un hacker puede descubrirla primero. ¿El resultado? La vulnerabilidad queda expuesta y los atacantes pueden lanzarse a la caza. Aunque la empresa se esfuerce por reaccionar rápidamente, hay ocasiones en las que el tiempo juega en contra.
La naturaleza de las vulnerabilidades zero-day
Lidiar con zero-day exploits es complicado. La detección de estos ataques no es fácil porque los métodos tradicionales de detección de amenazas, como las listas de firmas de malware, simplemente no funcionan aquí. Cuando no hay registros previos de un ataque, los sistemas de seguridad no tienen nada que comparar. Por eso, ¿cómo podemos detectar estos ataques antes de que causen estragos? Aquí es donde entran en juego varias técnicas:
Analítica del comportamiento del usuario
La analítica del comportamiento del usuario (UBA) es una de las mejores maneras de detectar un ataque de este tipo. Cada entidad autorizada a acceder a una red tiene patrones de comportamiento que son considerados normales. Si algo parece fuera de lugar, podría ser una señal de alerta. Por ejemplo, si un servidor web comienza a enviar paquetes que no son típicos de su funcionamiento habitual, es muy probable que algo raro esté ocurriendo.
Detección de anomalías estadísticas
Las empresas de antimalware recopilan datos sobre exploits que han identificado previamente. Esta información se puede utilizar para entrenar modelos de machine learning que detecten ataques en curso. Sin embargo, este método puede enfrentar dificultades para identificar amenazas sofisticadas y nuevas, lo que podría resultar en falsos positivos o negativos.
Escaneo de vulnerabilidades
El escaneo de vulnerabilidades no es infalible, pero puede simular ataques a código de software y ayudar a identificar nuevas vulnerabilidades que se hayan introducido después de una actualización. Adoptando un enfoque proactivo, se pueden descubrir algunos exploits antes de que sean utilizados.
Herramientas de gestión de superficie de ataque
Las herramientas de gestión de superficie de ataque (ASM) analizan la red desde la perspectiva de un hacker, identificando cómo podrían explotar activos para obtener acceso. Ejemplos de estas herramientas incluyen Microsoft Defender y CrowdStrike. Estas pueden ayudar a las organizaciones a detectar vulnerabilidades que aún no se han hecho públicas.
El ciclo de vida de los zero-day exploits
El término zero-day exploit period se refiere al tiempo durante el cual una vulnerabilidad es explotada activamente por atacantes, antes de que el proveedor lance un parche. Esta etapa puede ser crítica, especialmente cuando organizaciones de amenazas persistentes avanzadas (APT) o grupos de cibercriminales están involucrados. Se ha observado que estos atacantes suelen reservar sus exploits zero-day para objetivos de alto valor.
Una vez que una vulnerabilidad es divulgada y se lanza un parche, los usuarios deben actualizar sus sistemas. Pero, sorprendentemente, muchos no lo hacen, permitiendo que los atacantes continúen explotando esas vulnerabilidades. Por ejemplo, en 2017, un bug en Apache Struts fue parcheado, pero Equifax no aplicó la solución y terminó sufriendo una violación de datos.
Defenderse contra los ataques zero-day
Defenderse contra los zero-day exploits es complicado, sobre todo porque son difíciles de detectar. Los escáneres de vulnerabilidades dependen de comparaciones con firmas de malware conocidas; cuando un malware utiliza un exploit aún no detectado, estos escáneres no pueden hacer nada. Pero hay medidas que las empresas pueden tomar para reducir su exposición a riesgos de seguridad:
Mantener un alto estándar de ciberhigiene es vital. Aunque no detendrá todos los ataques zero-day, es la mejor defensa contra exploits desconocidos. Al final del día, la combinación de buenas prácticas de seguridad y tecnologías avanzadas puede ayudar a mitigar el riesgo de estos ataques.
