Adiós a Mollitiam Industries: el fin de una startup española de spyware

19 febrero, 2025

Mollitiam Industries, una startup de spyware poco conocida en España, cierra sus puertas tras un camino lleno de sombras y controversias.

La historia de Mollitiam Industries ha llegado a su fin. Esta empresa española de espionaje, ubicada en Toledo, ha decidido poner punto final a su trayectoria por problemas financieros. La noticia, que ha sorprendido a pocos en el sector, fue inicialmente reportada por Inteligence Online, un medio especializado en vigilancia y ciberseguridad que apuntó a las dificultades económicas como la causa principal del cierre. Según registros públicos, la compañía se declaró en quiebra el 23 de enero.

En comparación con gigantes del espionaje como Hacking Team o NSO Group, Mollitiam siempre mantuvo un perfil bajo. ¿Por qué? En parte, porque el mundo del spyware es un juego oscuro donde muchos prefieren operar en las sombras. La falta de atención mediática hacia España, especialmente en el ámbito angloparlante, también jugó su papel. Aunque la startup se vio envuelta en un escándalo en Colombia, su nombre no resonó con la misma fuerza que otros actores más notorios del sector.

Su sitio web oficial aún puede consultarse, aunque no se ha recibido respuesta a los intentos de contacto. Según su perfil de LinkedIn, contaban con un equipo que variaba entre 11 y 50 empleados, un número que refleja la magnitud de una empresa que, a pesar de su bajo perfil, estuvo en el centro de algunas polémicas.

La atención mediática hacia Mollitiam Industries comenzó en 2021, cuando Wired reveló que un folleto olvidado en línea mostraba que la empresa desarrollaba herramientas de spyware como Invisible Man y Night Crawler. Estas herramientas estaban diseñadas para recolectar datos de dispositivos de manera clandestina, incluyendo el acceso a aplicaciones de mensajería como Telegram y WhatsApp, así como a cámaras y micrófonos del dispositivo, entre otras capacidades.

En 2020, el periódico colombiano Semana reportó que sus periodistas habían sido objeto de vigilancia tanto física como digital por parte de la inteligencia militar del país, justo después de que publicaran investigaciones sobre irregularidades en el ejército. En medio de esta situación, surgieron rumores de que un coronel les ofreció una suma considerable de dinero para introducir un malware en sus sistemas, un malware que supuestamente era desarrollado por Mollitiam.

Documentos filtrados revelaron que el ejército colombiano estaba dispuesto a pagar casi 3 mil millones de pesos (alrededor de 900 mil dólares) por un sistema llamado “Hombre Invisible”, que prometía infectar tanto dispositivos Windows como macOS de manera remota, ocultándose en documentos de Office y utilizando unidades USB. ¿El objetivo? Acceder a conversaciones de WhatsApp y Telegram, así como a cualquier información almacenada en los dispositivos infectados.

Mollitiam también participó en conferencias como ISS World, donde se discutían las dificultades de espiar en la era de la encriptación, sugiriendo que la única manera de acceder a las comunicaciones de los objetivos era a través de malware. Con el tiempo, Meta identificó una red de cuentas falsas vinculadas a Mollitiam, que utilizaban para probar capacidades maliciosas y recolectar información pública, dirigidas especialmente a opositores políticos, periodistas y activistas en España, Colombia y Perú.

A pesar de su escaso reconocimiento, las actividades de Mollitiam fueron monitoreadas por organizaciones como Amnesty International. Jurre van Bergen, un tecnólogo del laboratorio de seguridad de la organización, mencionó que habían encontrado muestras de su spyware y un servidor de comando que hacía alusión a uno de sus productos.

El cierre de Mollitiam Industries no solo marca el fin de una empresa, sino también un capítulo en la historia del espionaje digital en España, un área que ha visto un crecimiento inesperado en los últimos años. Sin embargo, tal vez su final sea un recordatorio de que en este mundo de sombras, la falta de atención y la mala gestión pueden llevar a la desaparición incluso de los actores más sigilosos.

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